José 的个人资料La casa de la Troya.照片日志列表更多 工具 帮助

日志


8月11日

Divagaciones de viejo.

A mis viejos hermanos de capa.

Amigos siempre.

Hace algunos días cumplí 38 años. Sí, aparento más. Gracias por el comentario. Pero he tenido tanto trabajo que no había podido detenerme a pensar el momento trascendente de cumplir otros 365 días bailando la manzanilla en este mundo. Pero hoy, en un momento de inactividad forzosa (me quedé atrapado en el cuarto del archivo a la hora del almuerzo), comencé a recordar. Algo que dicen que es vicio de viejos pen… bueno, de viejos. Aunque hace poco renuncié a la titánica tarea de enseñar Tuna a nuevas generaciones, el fruto de mis reflexiones de hoy me demuestran que la Tradición siempre ocupará un lugar importante en mi corazón.

Y es que por más que trataba de llevar mi mente ociosa por otros derroteros, de uno o de otro modo terminaba acordándome de mis amigos de correrías, verdaderos almogávares del siglo XX, los veteranos Tunos a quienes (espero que algún día me perdonen) inmortalicé en una novela. A saber, Skippy, El negro, Fredy y Manuel. Y es que fueron tantas aventuras, tantos descalabros, tantos anhelos compartidos, que no me concibo siendo como hoy soy, de no haber crecido con ellos. Y no es que fueran unos santos varones, ciudadanos ejemplares y tutores celosos de su investidura. Precisamente, lo que les hace entrañables, es que eran (a lo mejor siguen siendo) unos rapaces pícaros, ingeniosos y más listos que el hambre. Igual que yo, pero toda la gracia se la quedaron ellos. Yo sigo con mi cara de palo, que en aquellos lejanos días fue inspiración de agudos comentarios.

Como en aquella memorable ronda en casa de un desconocido, en que tras la serenata desde la calle, nos invitaron a pasar a un estrecho recibidor donde estábamos tan apretados que no podíamos ni respirar. Eso nos hacía cometer un error tras otro… bueno… un poco más de lo que era común en nuestras ejecuciones, me explico. Yo estaba muy molesto, y no participaba de las risas de los compañeros, y menos de las de nuestros anfitriones, que vivían en un pequeñísimo apartamento de interés social. Vamos, era tan pequeño que el crucifijo del altar familiar estaba tan estrecho que otro poco y habrían tenido que representar a Cristo ahorcado. Divagaciones aparte (otro signo de la edad), el caso es que una de las muchachas reparó en mi mutismo y mi rostro de buey purgado, y señalándome preguntó a mis amigos:

--¿Y el compañero no se ríe?

Y Fredy respondió con toda naturalidad:

--Es que si se ríe, se pedorrea.

Qué cosas. Acabo de recordar también cuando organizamos una Noche Colonial (una verbena, pues) en el antiguo Instituto Londres, que hoy es un plantel de la Universidad Patrulla del Gobierno del Distrito Federal. Lo sé porque el otro día la nostalgia guió mis pasos a ese lugar y fue triste ver en qué se ha convertido. Eh… ¿Qué estaba diciendo?… Ah, sí, la Noche Colonial. Decía que fue una de las peores que hemos organizado, y miren que las hubo malas. Pero esa vez no fue culpa nuestra, pues como nos apoyaba la Dirección y el Claustro de Profesores, no podíamos hacer las cosas al golpe y porrazo como era nuestra costumbre… qué costumbre, ¡era la ley! Así que contratamos feria con seguro de accidentes incluido, solicitamos permiso a la Delegación (la alcaldía, ¿saben?) y prohibimos el ingreso de bebidas embriagantes al plantel, incluso para nosotros mismos. ¡Ese sí fue sacrificio! ¿Seguridad? Pues… bueno… ya no había presupuesto, así que… pues la verdad buscamos a los estudiantes más revoltosos y buscabullas del plantel, les pedimos que llevaran amigos, y luego de pagarles el corte de cabello y un baño, les dimos una gorra y una macana, y los pusimos en todos los accesos y pasillos. Sobra decir que con esas caras sanguinarias y cuerpos de “espanta tontos”, la idea resultó más efectiva que si hubiéramos contratado al Regimiento de Fusileros Paracaidistas con todo y aviones.

¿A qué venía todo eso? Ah, sí… uy… ya se me escurrió la baba… decía que recuerdo que esa verbena salió mal, porque al no contratar el sonido de un director de estudiantinas que hacía horas extras como chalán de disc jockey, éste se desquitó convenciendo a la mitad de los grupos invitados a que no fueran a nuestra juerga. Ya se imaginarán, joder, que de repente a las cinco de la tarde no había estudiantina ni para remedio. El escenario vacío, la gente sentada en las butacas con cara de hastío, y la directora lanzándonos miradas de “chinga tu madre”.

Entonces Skippy, el de las ideas brillantes (por eso era el Jefe de la Tuna), tuvo una especialmente estúpida… quiero decir genial, que le es lo mismo. Aunque ese día íbamos disfrazados de gente decente, con saco y corbata (la mayoría los llevábamos de alquiler), pues como profesores del Instituto debíamos dar ejemplo de pulcritud y buen vestir, decía que más tarde habíamos pensado irnos con la decana Tuna del CUC (Centro Universitario Cultural) a correr la Tuna, y habíamos dejado en la Dirección del plantel nuestros jubones, capas, medias y todo aquello que marca la sagrada Tradición. Entonces El canguro sugirió que nos vistiéramos el grillo y subiéramos a cantar nosotros. Como nadie tuvo una idea más loca, accedimos. Por ahí andaba dando vueltas como moscardón un integrante de la Rondalla que nos vio nacer a la fama (no, a la fortuna no), y que incluso era primera voz (comprendan, en tierra de ciegos el tuerto es rey). Además era el típico galán abraza farolas más asediado por las chicas del Catecismo (¿recuerdan lo de los ciegos?) Bueno. Decía que al escuchar que íbamos a subir a cantar nosotros, pensó que Rondalla y Tuna por haber surgido de la misma semilla eran lo mismo, y fue corriendo a su casa a buscar su jubón y su capa. A propósito, le decíamos El chicatromp. Por aquello de “chica trompota”.

--Me esperan, ¿eh? –nos ordenó en tono enérgico mientras salía corriendo por sus ropajes.

--Seguro, ¿a quién se le ocurriría actuar sin contar con tu excelsa voz y natural simpatía? –accedió Skippy.

Para quienes nos vieron actuar en aquellos lejanos días, está de más decir que esa tarde estuvimos de excepción, cantando, dando palmas y rompiendo corazones más de una hora, y cuando llegó por fin un grupo invitado, el Respetable ya no quería que abandonáramos el escenario. Sí, éramos buenos. ¿Que qué pasó con El chicatromp? Ah, pues llegó una hora después de nuestra actuación, peinado con brillantina y más perfumado que la axila de un francés. Llevaba su traje de rondador perfectamente colgado de una percha de alambre, planchado y acicalado (hasta las cintas estaban planchadas, joder). Parecía muñequito de pastel, el tío. Nuestras vestimentas, ajadas y brillosas por el continuo uso, con barro de mil lugares adherido a los bajos de las capas, algún cuerno mal cosido y con botones mal pegados, daban testimonio de nuestra vida dedicada al ayuno y el estudio, y también hablaban de muchas heroicas batallas contra policías, mariachis y ebrios con vocación de payasos. Y las pocas cintas que llevábamos (las nuestras de a de veras, de chicas conquistadas, y no listones de carnaval) pues… la verdad eran muy pocas cintas, pero iban bien arrugadas. Y a mucho orgullo. Por eso cuando vimos llegar al catrín con todo su mamotreto (sólo le hacía falta un secretario de Relaciones Públicas), no pudimos evitar el desternillarnos de risa. Tal como estoy haciendo en este momento mientras me acuerdo.

¡Qué días aquellos! Si de ahí salió para escribir una novela. La pega es que no se ha vendido ni un triste ejemplar. Y yo necesitando medicinas. Y no dudo que mi quebrantado estado de salud sea consecuencia, por lo menos en parte, de aquellas juergas maratónicas con que tachoné mi vida estudiantil. Eso y las excesivas libaciones de elíxir que de vez en siempre nos regalábamos cuando andábamos corriendo la Tuna. Claro que como prescripción médica para aclarar la garganta y evitar los constipados. Por vicio jamás. Es pecado. De conciencia grave. Y es que bien señala Santo Agustín de Aquino… ¿O es Santo Tomás de Francia? O… No, creo que es San Potroclo de los Chisperos…

Eh, ¿qué hago aquí? Y… ¿qué? Joder, no recuerdo …  Si mi dentista me arropó en mi cama cuando estaba iniciando el noticiero de las veintiuna. ¿Cómo llegué hasta aquí? ¿Dónde está mi bastón? ¡Pardiez! Hasta he perdido mi dentadura. ¿Y qué hace aquí mi portabustos? Ah, no, es el corsé para la espalda torcida. Creo que mejor llamaré en voz alta para que me vengan a buscar. Sí, será lo mejor. Y mientras soñaré con cantar de nuevo la ronda en mi natal Santa Cruz, por lo menos una vez más antes de morir. Que Dios me conceda esa gracia. Y que yo me acuerde dónde olvidé el cómodo, que ya me urge. Cajum… ¿Hay alguien ahí? ¿Alguien que venga a ayudarme?

Desde el retiro, Azcapotzalco, Distrito Federal. 11 de Agosto de 2009. 

评论

请稍候...
很抱歉,您输入的评论太长。请缩短您的评论。
您没有输入任何内容,请重试。
很抱歉,我们当前无法添加您的评论。请稍后重试。
若要添加评论,需要您的家长授予您相应权限。请求权限
您的家长禁用了评论功能。
很抱歉,我们当前无法删除您的评论。请稍后重试。
您已超过了一天之内允许提供的评论数上限。请在 24 小时后重试。
因为我们的系统表明您可能在向其他用户提供垃圾评论,您的帐户已禁用了评论功能。如果您认为我们错误地禁用了您的帐户,请联系 Windows Live 支持部门
完成下面的安全检查,您提供评论的过程才能完成。
您在安全检查中键入的字符必须与图片或音频中的字符一致。

若要添加评论,请使用您的 Windows Live ID 登录(如果您使用过 Hotmail、Messenger 或 Xbox LIVE,您就拥有 Windows Live ID)。登录


还没有 Windows Live ID 吗?请注册

引用通告

引用此项的网络日志