José 的个人资料La casa de la Troya.照片日志列表更多 ![]() | 帮助 |
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5月2日 Quizá sólo fui un Quijote.Hace unos días escuchaba la bellísima obra musical The Man of La Mancha de Dale Wasserman, basada en la inmortal creación literaria de don Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. En ella el autor hace énfasis en la fidelidad que el “Caballero de la triste figura” tiene hacia su ideal. No le importan los golpes ni las burlas, es fiel a lo que su corazón le dice que es correcto. Y lo que otros toman por una locura incurable, en realidad es otra manera de ver las cosas. Quizá es una visión ingenua, pero no deja de ser real. Mientras reflexionaba en ello, miré hacia el rincón de mi celda donde está colgado mi traje de Tuno. Recordé aquellos lejanos días de mi juventud, cuando vestía mi traje de grillo y me pasaba horas y días en compañía de mi Tuna, cantando y tocando por un pedazo de pan, o por la mirada de unos ojos morunos. En esos días, para los jóvenes había cosas más importantes que el dinero, la fama o la rivalidad entre grupos. Vestir de cuervo implicaba sólo divertirse, cantar y dar palmas, hacerse hermano de otros Tunos, y rendir honores a las mujeres. Era posible vagar por la noche por calles y avenidas, cantando y haciendo escándalo, por el simple gusto de hacerlo. El encuentro más grave con la policía que llegamos a tener fue una vez en que unos patrulleros sorprendieron a dos Tunos de la UNAM bebiendo en la vía pública, afuera de un festival. Cuando trataron de subirles a la patrulla, nosotros --sin dudarlo un segundo-- nos acercamos e intentamos disuadirlos, de manera respetuosa pero firme. No conocíamos a los compañeros más que de vista y apodo, y sabíamos que estaban cometiendo una falta. Pero la tradición dicta que se debe defender al compañero a ultranza, sin importar si le asiste la razón o aunque la lucha esté perdida de antemano. Lo único que conseguimos fue acabar todos detenidos en la Delegación, encerrados en las mazmorras, cantando y bailando la pandereta para mantener a raya a los malandrines que compartían nuestra celda, y que habían amenazado con darnos una paliza si no les divertíamos. Hoy en día, a los grupos parece importarles más el ser reconocidos como “los mejores” (aunque yo no sé aún mejores en qué), o ganar premios en efectivo, o hacer el ridículo con tal de salir en televisión. Lejos de apoyarse mutuamente y sin dilación, se trenzan en discusiones vanas y bizantinas, perdiendo de vista no sólo la camaradería, sino hasta la lógica más elemental. A las mujeres ya no se les rinde el mismo respeto y admiración de antes. Al contrario, muchos jóvenes que hoy en día visten capa y jubón, creen que eso les convierte en donjuanes que deben mantener una reputación a base de actos de conquista y posterior abandono. Donde antes se respetaba al Tuno veterano que hacía las veces de maestro, enseñando a los pardillos el arte del buen Tunar, ahora a esos añosos sopistas en el mejor de los casos se les ignora, o peor aún, se les hace blanco de burlas y se les ataca en su reputación, por el simple hecho de llamar a las cosas por su nombre, y por querer conservar intacta una tradición que hasta hace unas décadas, podía considerarse poco menos que sagrada. Durante muchos años yo intenté transmitir a varones más jóvenes que yo, las enseñanzas que a su vez me transmitió un Tuno cuando yo era apenas un pardillo y bachiller. Traté de imbuirles a mis discípulos el respeto por el uniforme, por la tradición; quise enseñarles un amplio repertorio estudiantil y picaresco; intenté fomentarles un espíritu de camaradería y solidaridad hacia los demás grupos que seguían las tradiciones, al tiempo que les señalaba las características de los grupos falsos, para que no confundieran al monje por el hábito, o a la mona por vestir con sedas. Sin embargo, fracasé. Estrepitosamente. Y tuve que aceptarlo el día que fui atacado públicamente en medios electrónicos, y ni una voz salió en mi defensa. A mí, que más de una vez arriesgué mi reputación y buen nombre por camaradas y grupos, no hubo quién me diera siquiera una palabra de apoyo. Cuando tuve problemas de otra índole, invoqué la caridad de sopista a jóvenes que fueron mis alumnos y luego mis hermanos de capa, y me quedé sin caridad y quizá incluso sin amigos. De repente miro en torno y me encuentro solo. Abandonado a mis propios medios, que gracias a Dios y a la Tuna, no son pocos. Entonces me pregunto si quizá no fui sólo un Quijote. Alguien que a fuerza de pensar, de leer y de soñar, pensó que todavía podía ayudar a que una tradición ancestral perdurara. Puse demasiado en juego, y a la vista de los resultados, todo fue en vano. Los amigos, el tiempo, los recursos, todo fue malgastado. Y aunque en mi corazón todavía alienta el deseo de volver a intentarlo (de hecho sé que ese fuego jamás se apagará), lo cierto es que el tiempo se ha agotado y ese es un juez inflexible que cuando dicta sentencia no hay modo de impugnarla. Por tal motivo, he decidido retirar mi uniforme de Tuna de ese rincón, donde por años estuvo al alcance de la mano para cuando fuera menester. Lo guardaré en el fondo del armario, donde no pueda verlo y no sufra con cada recuerdo invocado. Aunque quien una vez fue Tuno, siempre será Tuno, para mí la ronda se terminó. Tal vez el día de mañana alguno de mis viejos hermanos de capa de mi generación necesite una mano. Quizá para los XV años de su hija, o sus Bodas de Plata. O incluso las de Oro. Entonces tal vez podría volver a ponerme el grillo, pero sólo tal vez. Y sólo por uno de ellos. De lo contrario, mi traje de estudiante permanecerá en la penumbra hasta que alguno de mis descendientes lo encuentre y quiera conocer la historia detrás de un manteo, un jubón y unas calzas. Y entonces se la contaré, o la leerá en mis crónicas. Ad Majorem Gloriam Tunae. Semel Furcifer, semper Furcifer, La hiena. 引用通告引用此项的网络日志
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