José 的个人资料La casa de la Troya.照片日志列表更多 工具 帮助

日志


5月10日

El mayor ejemplo de amor.

Para Tatito, en su primer Día de las Madres.

La mujer desde que nace es como una bella rosa en botón. Tierna, delicada, única y arrebatadoramente hermosa. Pero ¿quién podría negar que la verdadera belleza se revela cuando la flor rompe y se desdobla en una vorágine de olores y colores que no se cansa uno de admirar?

Y… ¿cuándo es que ocurre ese portento? ¿A los 15 años, en su presentación en sociedad? No. Es más bien cuando esa mujer se convierte en madre. Porque es hasta entonces que su amor se vuelve más evidente, al ser volcado sobre el hijo de sus entrañas. Cierto es que desde niña ya daba un atisbo de su belleza interior, pero es cuando le ponen en brazos por primera vez a su hijo cuando sobreviene esa metamorfosis irrepetible que cambia su imagen para siempre. De repente, aquel capullo que jugaba tiernamente a ser mamá de sus muñecas, se transforma en una increíble mujer que sufre, ríe, llora, tiembla y se hincha de orgullo por su retoño. Y se convierte en una delicia para observar, escuchar, oler, sentir y besar. Nunca en su vida será más hermosa, que cuando se ha vuelto madre.

Sin embargo, las rosas a pesar de ser unas flores tan bellas, también son delicadas y van envejeciendo poco a poco. Sus pétalos siguen abriéndose cada vez más, hasta que comienzan a perder su color y su lustre. Si se les abona con amor y comprensión, su hermosura puede prevalecer por largo tiempo. Pero si en cambio se les descuida y sólo se les llena de sufrimientos y egoísmos, entonces se marchitan más rápido. Inexorablemente sus pétalos van cayendo uno a uno, hasta un final que no por ser ineludible, resulta menos doloroso.

Ahora me viene a la memoria una escena de la película española Marcelino Pan y Vino, con el entrañable niño Pablito Calvo, en la que éste se encuentra postrado en cama, y le asiste el fraile más anciano, ‘Fray Malo’, y sostienen una plática acerca de las madres.

“—¿Y qué hace una madre, ‘Fray Malo’? –pregunta el chico.

—Dar —responde el anciano—, siempre dar, Marcelino. Las madres dan todo, hasta quedar viejas y arrugadas.

—¿Y feas? —se escandaliza Marcelino.

—No, Marcelino —asevera ‘Fray Malo’—, las madres nunca son feas”. Madre e hijo

Yo he tenido la dicha de ver florecer a una mujer, que si antes era bella, ahora que ha dado vida nueva resulta… indescriptiblemente hermosa. Y cuando la veo cuidar a su crío, alimentarlo, mimarlo, besarlo con indecible ternura, tomarle en brazos como sólo una madre sabe hacer, es cuando comprendo porqué Dios mismo, omnisciente, omnipresente y omnipotente, no quiso privarse del gozo de acunarse en el seno de una madre, al encarnarse para nuestra salvación eterna.

Por eso hoy, en mi rezo de maitines, oro fervorosamente: “Gracias, Señor, por las madres”. Después de Su Hijo, y empezando por la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra, no se me ocurre mayor ejemplo de amor del Creador hacia los hombres.



5月11日

Lo malo de ser una pluma del ala de un ángel.

Hoy recibí este escrito por cortesía de mi entrañable amiga Gaby Hernández. Es un cuento tan hermoso que le pedí autorización para que me permitiera compartirlo con vosotros, mis apreciados lectores. Su autor es Francisco José, por sobrenombre Quico, nativo de Murcia, España, y se lo regaló a Gaby. Por respeto a mi colega, no he tocado ni una coma. Espero que lo disfruteis.
 

Lo malo de ser la pluma del ala de un ángel, es que vives continuamente en tensión. Sí, ha oído usted bien. Soy la pluma del ala de un ángel. No de un ángel de primera, ya sabe usted, un Arcángel,  Potestad, Principado... Por ahora, debo conformarme con ser la pluma del ala de un simple querubín. Sí, esos angelitos a los que representan sólo con la cabeza y unas alitas pequeñas, que salen como de las orejitas.

 

Si yo fuera la pluma de un ángel importante, otro gallo me cantaría. En mí serían colocadas toda clase de condecoraciones celestiales, -pues los ángeles estamos en continua guerra con los demonios, ya sabe usted. Los ángeles importantes batallan sin cesar contra el mal y contra las fuerzas de Satanás, y como siempre resultan vencedores, pues eso. ¡Cada batalla ganan una medalla! Cada Domingo por la tarde, en perfecta formación, desfilan ante nuestro Señor, y El les coloca un lucero entre las plumas, que brilla conforme a la importancia de la condecoración.

 

Cuentan de un ángel de segunda clase, que tan cargado iba de luceros en una y otra ala, que apenas podía remontar el vuelo cuando abandonaba la formación, y que su aspecto era brillante como la luna llena del verano.

 

Yo no. Yo no llevo condecoraciones. Me conformo con no desprenderme del ala que me corresponde, como una buena pluma. Ya llegará el momento de los ascensos, por ahora, solo querubín.

 

Esto de los desprendimientos es una guasa. Puedes estar vagando meses e incluso años por el vasto cielo sin que nadie repare en ti, hasta que por casualidad te adhieres al ala de un nuevo ángel y vas haciéndote una con ella hasta que eres una pluma más, y entonces, a seguir vigilando, no sea que un roce con una nube o con el ala de otro ángel te arranque del ala nueva.

 

Sin embargo, no crea usted que me quejo. Por el contrario, me siento muy orgullosa de ser yo. Y no me cambiaría por ninguna otra pluma de ningún otro ala de ningún otro ángel. ¿Por qué?

 

Hace tan sólo unos dos mil años, cuando nuestro Señor vino a la Tierra, formé parte de esa incontable legión de querubines que cantamos la gloria de Dios, en el momento de ser visitado por los pastores de Belén. El Niño Dios lloraba, y lloraba, y no había forma de que dejara de llorar. Ni los cánticos dulces de María, ni el rudo sonajero que construyera su padre con madera rellena de huesos de aceituna hacían cesar su llanto. Tanta gente en la cueva de Belén, con cánticos, las ovejas balando sin parar, la vaca mugiendo, la algarabía de las mujeres que comentaban el feliz suceso y el vozarrón de los hombres que allí se encontraban hicieron que Jesús se despertara.

 

Entonces fue cuando los querubines comenzaron su canto. Gloria....Gloria... in excelsissss Deo, et in Terraaa, Pax  homiiiinibuuusssss, bonae voluntaaaaaaaaaaatis, Gloria, Gloria.... Mi ala se encontraba muy cerca del grupo de arpistas, y un poco más lejos del de laúdes y cítaras, batiéndose alegremente mientras mi dueño cantaba y cantaba, hasta que entonces ocurrió el accidente. Mi querubín no guardó la distancia de seguridad, y su ala derecha, -por supuesto, la mía, fue a chocar con las cuerdas del arpa del serafín que había a su lado.

 

Sentí un dolor que no sabría explicar, como si miles de galaxias estallaran alrededor de mí. Y de repente, me encontré presa en un vuelo sin freno, empujada a donde me llevase el aire, arriba y abajo, sin poder reaccionar ni frenar mi barrena. Rocé la copa de un olivo, -pensé que sería así de horrible mi destino, quedarme ahí enganchada hasta que algún agricultor me apaleara esperando cayera la última aceituna. Sin embargo, tras quedar prendida unos segundos en la punta de una hojilla, volví a volar, arriba, abajo, en un tumultuoso remolino, en la oscuridad, hasta encontrarme de repente en el suelo, rodeada de paja, junto al vientre de un borrico que estaba recostado en ella, bajo la pobre luz del Establo de Belén.

 

Bien, -pensé, aquí por lo menos estaré caliente, pero entre tanta paja ya es difícil que alguien me encuentre.

 

Cuando esto pensaba, todavía aturdida mi mente por el golpe con el arpa y el vuelo sin control, el Niño me cogió con sus deditos regordetes, y cesó de llorar.

 

El aire estuvo a punto de arrebatarme de su mano, -no, viento, por favor, no soples ahora, que es muy dulce estar con El. También pensé que María pudiera robarme de un manotazo su presencia, más no fue así. Pasé de los deditos a la pequeña palma de su mano. Nuevamente a los deditos. De los dedos a la boca, y probé la dulzura de sus labios. Rocé su naricita, y me puso ante sus ojos claros y hermosos como solo pueden ser los ojos de Dios.

 

Entonces, el niño sonrió, y su sonrisa pareció llenar de luz todo el establo, ante la aprobación de todos los presentes. Sentí tal gozo, que al instante creí arder ante esos ojos y esa boca de recién nacido, y el tiempo se paró para mí.

 

Cuando desperté, el Niño dormía. Yo seguía entre sus dedos, arrullada por el canto y el mecer de los brazos de la Madre.

 

Entonces fue cuando mi dueño me recogió y me devolvió a mi sitio en su pluma.

Pensé quejarme, rogarle que allí me dejara con el Niño para siempre. Pero al fin y al cabo, es mi vida y mi existencia, no puedo quejarme, me conformo con ser lo que soy. Pero, aún sin haber sido condecorada,  nadie podrá quitarme el orgullo de haber sido, siquiera unos minutos, en aquella fría noche de Belén, caricia en la piel del Niño Dios, miel en su boca, luz de sus ojos.

11月22日

Hasta la vista, camarada.

Hoy un compañero de trabajo nos dijo adiós. Decidió ir a probar suerte en otra empresa. Como todos, tenía sus defectos y sus virtudes. Era rápido para concluir el trabajo y un alegre camarada. Lo echaré de menos. No puedo olvidar que a él se debe el que el negocio encomendado a mi administración pasara de ser una aventura arriesgada a un negocio rentable y sólidamente establecido y reconocido.
 
Trini, se te debe mucho. Espero que a donde vayas demuestres porqué entre nosotros siempre fuiste considerado como el chofer estrella y como mi hombre de confianza.
Vaya con Dios, y hasta la vista.
22-11-05.