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日志


6月20日

¡Qué feliz Día del Padre!

Hijito:

Es una noche silenciosa y cálida. Como es costumbre, te he tomado de brazos de tu madre y te he acunado contra mi pecho hasta quedarte dormido. Y entonces me he puesto a meditar en todos los actos, las decisiones, los errores y los triunfos que me han traído a este momento. Fueron largos años en que se combinaron las luchas por la supervivencia, los años de vida acomodada, los meses de hambre y angustia, y más de una noche de llanto desesperanzado. Pero al fin te tengo conmigo, y soy un hombre plenamente feliz. Porque Mi Señor me ha concedido esta gracia tan grande: Ser copartícipe de Su capacidad creadora.

Pero hay algo que quiero dejar en claro, algo que tienes que comprender. Mi dicha no sería completa, aun teniéndote a ti, si no tuviera en mi vida también a tu madre. Conforme la conozcas irás dándote cuenta que es una mujer valiente, trabajadora y empecinada, pero al mismo tiempo es cariñosa, paciente, comprensible y divertida. Yo quisiera estar todo el tiempo con ustedes dos, compartir esa armonía secreta que fluye entre una madre y su hijo, pero tengo que trabajar para proveer lo que se necesite en casa, especialmente tu comida. Tú todavía no te das cuenta, pero yo laboro de sol a sol, y llego por las noches rendido a casa. Entonces, cuando lo único que desearía sería sentarme en el sillón a mirar el telediario y a tomar una merienda (a veces el primer y último alimento del día), tengo que bañarte, darte el biberón, vaciar la bañera, y pasearte hasta por una hora, mientras te decides a hacerme la merced de dormirte. Pero, ¿sabes una cosa? No me pesa nada hacerlo. El simple hecho de llegar a casa, abrir la puerta y mirarte, hace que mi corazón vuelva a latir con toda su fuerza, y me mantenga en vigilia tantas horas como sea necesario.

Por todo lo anterior, hijito, mientras vayas creciendo, y más te vayas preguntando porqué no siempre estoy contigo, porque a veces no tengo muchas fuerzas para jugar contigo a correr, porqué siempre parezco tener sueño, no pienses que es porque no te quiero lo suficiente, o porque no me interesas. Por el contrario. Si trabajo mucho, es para que nunca te falte nada, y para que de mí aprendas a ser un hombre de bien, responsable y honorable, como lo aprendí yo de tu abuelo. Y por favor, nunca olvides esto: Te amo con todas mis fuerzas,y sin importar qué nos depare el futuro, siempre serás mi hijito amado. Tú eres el vástago que cualquier hombre quisiera tener, y el colmo de todas mis expectativas. Y junto con tu madre, ustedes son como un sueño hecho realidad, tan grande y tan hermoso, que nadie se hubiera atrevido siquiera a soñar.

En este día festivo, mi primer Día del Padre, a ustedes que me han hecho papá, les doy las gracias, les abrazo con todo mi amor y beso sus corazones. Y mi boca canta alabanzas a Nuestro Padre Dios, pues en mí que soy su más pequeño e indigno siervo, ha derramado en abundancia todas Sus bendiciones.

¡Qué feliz Día del Padre!

6月11日

Cambio de curso.

Estaba totalmente dispuesto a dejar de escribir para consumo público. De hecho, fue por eso que el jueves pasado publiqué una carta de despedida para mis lectores, y correteé al cartero para recuperar una novela que acababa de enviar para participar en un concurso literario. Pero antes de que transcurrieran 24 horas mi correo estaba saturado de mensajes que reflejaban diferentes maneras de sentir con respecto a mi decisión. Unos iban en el sentido de "hasta que te decidiste, inútil". Pero le eran los pocos. La mayoría, de manera más o menos amable, me pidieron que siguiera publicando en La casa de la Troya, que ha sido la casa de ustedes. Fue entonces que me enteré que, contra todo pronóstico, mi espacio es visitado continuamente por gente de todo el mundo (hasta eslovacos), dándose el caso incluso de que varios estudiantes leen de la misma pantalla, inclinados sobre los hombros de quien paga la hora en el cibercafé.

Ante esa apabullante muestra de lealtad y las manifestaciones de buenos deseos y de apoyo, no puedo menos que agradecer a mis lectores y hacer firme propósito de enmienda. A partir del viernes próximo encontrarán aquí un nuevo artículo, deseando que esté a la altura de sus expectativas.

Sólo me queda aclarar que hoy volví a corretear de nueva cuenta al cartero, para entregarle mi novela. Apenas llegará a tiempo para participar (y espero que ganar) el concurso.

Los problemas que originaron mi decisión del jueves pasado subsisten, acechan en la oscuridad como un hampón de mala pinta. Sin embargo con el apoyo de Marian Kiru, la mujer que amo y me corresponde, y con la paciencia de todos ustedes, mis lectores, seguiré adelante. Después de todo, morir por nuestras ideas no es lo peor que puede ocurrirle a un hombre; sino pasar por la vida sin dejar algo bueno para recordarle.

Ecce signum,

José Carrillo, E. C.

5月9日

Madres.

Para las mamás de la familia Kanons, qué hijos tan estupendos han criado; para doña Carlota Reyes, madre valiente, fiel y abnegada; para todas mis mamás, mi devoción y perenne gratitud. A todas.

Víspera del Día de las Madres. Esta noche es de ronda. Quienes entran a mi sitio de trabajo miran de reojo hacia el perchero, donde se encuentra colgado mi traje de Tuno. Por ser una fecha especial, hoy el grillo se ve de figurín. Sin una arruga, las cintas planchadas, los bajos de la capa sin barro... Los zapatos ya estarían relucientes si no fuera porque los olvidé en casa de la Princesa Kiru y tendré que rondar descalzo, a no ser que un alma caritativa me haga la merced de prestarme unos que me vengan. Mientras aguardo que den las seis de la tarde para ir a buscar mi bandurria y encontrarme con mis hermanos de capa, reflexiono sin ton ni son en el gran regalo que le es una madre.

En una ocasión pude ser testigo cuando una bella y otoñal mujer recibió la visita de su hijo, ya bien entrado en los 50. Aunque el tiempo a ella la había encogido mientras que al hijo le había dado una estatura elevada, cuando éste se agachó para besar su mejilla, la anciana posó sus manos en la cabeza de su retoño, le besó la frente y luego le tomó la cara entre las manos mientras le miraba con los ojos llenos de dulzura, orgullo y amor infinito. Para la anciana el tiempo transcurrido desde el parto no importaba, él seguía siendo un chiquillo. El chiquillo de su corazón.

Sir Arthur Conan Doyle puso en labios de su legendario personaje Sherlock Holmes esta frase: "No hay hombre suficientemente malo, que a su muerte no le llore por lo menos su madre". Es cierto. Después de Jesucristo no se me ocurre otro ejemplo de aceptación generosa, entrega desinteresada, caridad desmedida, piadosa misericordia y alegría contagiosa.

Quienes pertenecen a mi generación y anteriores recordarán aquella entrañable historia de Marcelino Pan y Vino, llevada a la pantalla por la cinematografía española de finales de los años 40 del siglo pasado. A mi memoria, que suele serme infiel, viene un diálogo que sostiene Marcelino con Fray Malo, el más anciano de los franciscanos que cuidan del españolito. En ella el huérfano le pregunta al religioso qué es lo que hace una madre. Y éste responde:

--Dar, Marcelino. Siempre dar... se dan ellas a sus hijos hasta quedar todas viejas y arrugadas.

--¿Y feas? --pregunta preocupado el chico.

--No, Marcelino. Feas nunca.

Y luego el niño le pregunta a Fray Malo si él tiene madre, y el bondadoso fraile le responde afirmativamente, para luego añadir que ya está en el cielo.

--¿Todas las madres van al cielo? --pregunta entonces el crío, pensando en su propia mamá, a la que no conoció.

--Sí, Marcelino. Todas las madres van al cielo.

Esa es la diferencia entre una mujer que sólo pare un hijo para luego abandonarlo en un bote de basura o en el ropero de un hotel (como aconteció esta semana en la Ciudad de México), y una mujer que no sólo da a luz, sino que se convierte en luz, guía, consuelo, refugio y esperanza de su hijo hasta el día de su muerte.

Ser madre no es tener un hijo, es consagrarse a una causa de por vida. Así como el bautismo deja una señal imborrable y perenne en el cristiano, la aceptación de un hijo también marca el alma de una mujer para toda la eternidad. Esa marca le distingue de entre otras personas, y siempre estará asistida por la Santísima Virgen María, que también aceptó generosa ser la Madre de Nuestro Salvador. Porque Dios no la obligó, ella dio su consentimiento: "Hágase en mí según Tu palabra". Por eso es que Ella comprende perfectamente la dicha y el sufrimiento que implica ser madre.

El regalo más grande que Dios nos dio después de Su Hijo, fue la mujer que se convierte en madre. Al final de Su ministerio, Jesús nos dejó Su Presencia en la Eucaristía, y a una Madre Santa en la persona de María: "Mujer, ahí está tu hijo". Y una madre abnegada no se diferencia mucho de María, la esposa del carpintero. Eso es algo que debemos tener presente cuando tengamos la tentación de dar una mala contestación o de ignorar una súplica. Aunque a veces las madres nos piden cosas difíciles de cumplir o de lograr, hemos de recordar que lo hacen por nuestro bien. Porque una madre, una verdadera madre, vive para hacernos el bien; y está dispuesta a morir por nosotros, con la misma generosa aceptación que mostró Nuestro Señor Jesucristo en la cruz. De nosotros depende, pues, ser cruz o consuelo de la vida de alguien que siempre ha dado todo de sí por nosotros.

Por eso, Señor, hoy invoco Tu Santo Nombre y te alabo con lágrimas de gratitud para decirte: Gracias, Señor, por nuestras madres. Bendícelas y cuídalas siempre. Y derrama Tus bendiciones sobre ellas, con la misma abundancia con que lo hacen ellas con nosotros. Amén.

3月22日

¡Ahí viene la Tuna! Segunda y última parte.

Imágenes de ayer.

El anciano dejó de mecerse y se volvió a mirar el cuadro que su nieta Silvia le señalaba. En él se veía un hombre alto, joven y apuesto, todo vestido de negro. Pero no se piense que iba vestido de luto. Llevaba taleguilla y medias, zapatos con hebilla dorada, chaquetilla con cuello y mangas engoladas, y una capa que le colgaba del hombro derecho. Sobre el pecho, puesta en forma de V, llevaba una banda de color rojo, que más recordaba el matiz del vino tinto que el encarnado de la bandera española. Tenía la cabeza coronada por un tricornio también negro. En brazos llevaba un instrumento de cuerda, y en el rostro mostraba una sonrisa pícara y despreocupada.

 

¾¿Quieres saber quién es él? ¾preguntó el anciano, mientras su mirada se perdía en los recuerdos.

 

¾Podría ser cualquiera de mis amigos ¾respondió, o yo mismo susurró tras unos instantes, y luego alzó un poco la voz¾, pero en realidad no lo conozco. 

 

¾¿Por qué tener un retrato de alguien a quien no conoces? ¾preguntó la niña, con esa lógica inatacable de los críos.

 

El anciano sonrió con su boca desdentada y volviendo a su mecedora llamó a la niña.

 

¾No digo que no lo conozca. Todos los Tunos son iguales. No en su exterior, sino en su corazón.

 

¾¿Un Tuno? ¿Ese hombre es un Tuno?

 

¾Sí, así se visten los Tunos desde siempre.

 

¾¿Qué es un Tuno? ¿Todavía existen? ¿Fue hace mucho tiempo? ¾preguntó la niña, dispuesta a enterarse hasta del último detalle. Prometía ser un cuento maravilloso de gallardos caballeros y princesas encantadas.

 

¾Será mejor que comience a platicarte desde el principio ¾concedió el viejo, y sonrió a su esposa que en ese momento se acomodaba en otro sillón frente a él, con su tarea de tejido. También ella quería conocer toda la historia. Aquello que su esposo había guardado en secreto durante tantos años.

***

 

¾Imagina que vas por la calle en una noche tranquila. De pronto, ves doblar la esquina a cinco siluetas de extraña apariencia. Te detienes y tratas de determinar qué son, pero cuando escuchas sus aullidos y gritos no te queda duda de que son ánimas en pena. Das la vuelta y echas a correr tan rápido como tus piernas te pueden llevar.

 

Sin embargo, esas siluetas no tienen ninguna pena en absoluto, al contrario, vienen gritando de alegría, cantando a voz en cuello y planeando bromas contra algún desprevenido. Son estudiantes de la Universidad Nacional, del Instituto Politécnico y de otras escuelas superiores. Van vestidos como el hombre del cuadro, pero éstos de quienes te hablo van envueltos en sus capas, porque la noche es fría. Son Tunos.

 

Estos Tunos de quienes te voy a hablar se conocieron en el coro que cantaba la Misa dominical de las nueve de la mañana, en la parroquia de Santa Cruz de Jerusalén. Cuatro de ellos se conocieron antes de cumplir los 16 años, y el último llegó tres años después. Pero ¿cómo eran? ¿En qué creían? ¿Con qué soñaban?

 

El primero era un líder por naturaleza, pero estaba subyugado por el director del coro. Se trataba de un muchacho animoso, soñador, con metas ambiciosas pero no inalcanzables. Jamás perdió la oportunidad de aprender algo y al cabo de un tiempo sabía tocar la guitarra, la bandurria, el laúd, la mandolina, y hacía algunas acrobacias acompañado de un pandero. Por su costumbre de decir a todo “está chidín”, algo así como “me parece bien”, muchos optaron por llamarle El chidín, y poco a poco su nombre fue quedando en el olvido, al menos en lo que respecta a sus amigos. Por cierto, creo que se llamaba Fernando, tenía voz de tenor y quería ser ingeniero del Instituto Politécnico Nacional.

 

Otro muchacho era moreno, de cabello negro eternamente peinado. Era delgado y musculoso, de carácter firme, y aficionado al fútbol sóccer. Tenía una guitarra negra con vivos blancos, con cuerdas de metal y, si no me equivoco, todavía debe conservarla él o uno de sus descendientes. Nunca he visto una guitarra más bella. Ese joven tenía una espléndida voz de barítono y creo que se llamaba Abraham, pero todos le llamábamos El Negro y a veces Mustafá, porque trataba de hacer todo por la ley del mínimo esfuerzo. Con los años y el estudio se convirtió en un excelente contador público egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

 

El tercero era un muchacho muy delgado, de baja estatura, de tez clara y lampiña. También tenor, tocaba la guitarra y el pandero, y acostumbraba cantar en el mismo tono que El chidín. Se llamaba Manuel, y era quizá el único que no tenía un apodo constante. Estudiaba leyes en la Facultad de Derecho de la UNAM.

 

El cuarto era también de baja estatura, moreno, con cara de querubín, y un poco barrigón. Era el más risueño y despreocupado de todos, aunque también era tímido. Era un amigo leal y cariñoso y de él sí recuerdo su nombre, pues se parece mucho a su apodo, Freddy. Se llamaba Alfredo y a veces también le llamábamos Gordo. Igual que Abraham, era barítono y también llegó a ser contador público, también por la UNAM.

 

Ellos llevaban tres años de conocerse cuando apareció en sus vidas aquel que cerraría el círculo y compartiría con ellos aventuras sin igual. Era algo especial y podía hacerlos sufrir desde severos ataques de hilaridad hasta verdaderos dolores de cabeza.

 

Este joven llegó al coro sabiendo tocar el acordeón y, algo muy importante, había estudiado en su niñez teoría de la música y solfeo. Era de una terquedad a toda prueba y, gracias a ese detalle de su personalidad, en menos de tres meses mejoró su dominio del acordeón, aprendió a tocar la guitarra y se esmeró hasta lograr aprender a interpretar piezas con mandolina, bandurria y laúd. Además tocaba el pandero —no, no lo bailaba—, la armónica y el órgano. Como su personalidad, su voz era un poco extraña, porque se podría clasificar como voz de tenor, pero alcanzaba también los tonos bajos de un barítono. Siempre estaba al pendiente de sus compañeros y era el que más cuidaba su uniforme y su imagen, pues se sentía realmente orgulloso de pertenecer al coro y, con el tiempo, a la Tuna. Recuerdo que tenía un carácter explosivo, pero era profundamente religioso, por lo que contrastaba con la relativa impiedad de sus amigos. Se llamaba José, aunque sus amigos le decían Pepillo. Solía decir que era“la hostia y más grande que un faraón”. Era un compañero alegre, leal y de buen corazón.

 

Así, los cinco jóvenes tuvieron la oportunidad de vivir juntos la etapa más bella de cualquier ser humano: La vida estudiantil. Llena de calaveradas, rapacerías, amores y rondas, una época que jamás vuelve una vez que se va. Todos ellos lo sabían, y estaban dispuestos a disfrutarla hasta el final. Y vaya que la disfrutaron. 

***

 

El anciano enjugó discretamente una lágrima que le corría por la mejilla, fue por su guitarra y afinó las cuerdas.

 

¾¿Qué pasó con la historia? ¾preguntó compungida la niña.

 

¾Lo que pasa es que la siguiente parte es cantada ¾explicó el anciano, y dando un acorde comenzó su cantar.

 

“Recuerdo una canción que cantábamos entonces,

Hablaba de un balcón adornado con faroles.

Recuerdo aquel pardillo[1] que no paraba de llorar,

Recuerdo las mujeres que no estaban nada mal.

 

“Recuerdo cómo di los mil parches siempre juntos,

Cansado de vivir aventuras por el mundo.

Recuerdo aquel preludio de amor que pesa en mi cantar,

Recuerdo aquella flor que no tardaste en deshojar.

 

“Pero quiero volver a vivir aquellos tiempos,

Imágenes de ayer que están en mi pensamiento.

Y déjame vivir porque aún soy un galante,

Y mientras el cuerpo aguante seré Tuno hasta morir.

 

“Hoy vuelvo a recordar aquellas juergas de antaño,

Que el tiempo no ha logrado borrar en tantos años.

Recuerdo aquella ronda de amor bajo de tu balcón,

Al son de nuestras voces se rindió tu corazón.

 

“Todo ello vuelve a mí en esta noche de luna,

Tocando en mi guitarra canciones de la Tuna.

Las lágrimas me invaden aquí, sentado en mi sillón,

Y me pongo a llorar recordando mi ilusión.

 

“Pero quiero volver a vivir aquellos tiempos,

Imágenes de ayer que están en mi pensamiento.

Y quiero revivir aquellas noches de luna

Que cantando con la Tuna me sentía yo feliz”.

 

Cuando terminó su canción, nuevamente se enjugó una lágrima y, sonriendo, comenzó su historia:

“José iba de mal humor en el asiento del pasajero…”

 

José Carrillo Toral, E. C.

Atizapán de Zaragoza, Mex. a 23 de noviembre de 2003.

 



[1] Pardillo es un aspirante a la Tuna que se convierte en ayudante de cámara de los Tunos y resulta blanco de todas sus bromas y crueldades.


10月31日

Aviso importante.

A todos los huéspedes de La casa de la Troya:
Se les informa que un servidor está publicando una novela por entregas en el sitio www.poeadictos.com bajo el nombre de Moneda falsa.
Los que gusten conocerla, sólo sigan el vínculo y, ya que están ahí, aprovechen para dar un vistazo a los excelentes ejemplos de creatividad literaria que ahí se publican.
Cordialmente,
José.
10月11日

Contracultura (segunda parte).

Entre las series que no tienen contenido y que definitivamente están planeadas para el público estadounidense, más optimista y dado a reír, están Amigos, Will y Grace, Nikki, Frasier, entre otras. No estarían mal si no fuera porque transmiten mensajes que hacen que nuestros jóvenes se formen ideas equivocadas de la sociedad en que viven. Empezando por el hecho de que esos programas fueron hechos para una cultura anglosajona, no hispana. Y existen grandes diferencias que no hace falta detallar aquí.
 
Para muestra un botón. La homosexualidad. De repente ser homosexual es divertidísimo, muy "cool". Y hago la aclaración de que no soy homófobo ni tengo prejuicios. Al contrario, como persona me siento ofendido cuando veo cómo estereotipan a los homosexuales como personas tontas, amaneradas e incapaces de tomar decisiones correctas por sí solas. Y que además todo mundo aprecia y disfruta de su compañía. En México la mayoría de las veces no es así. Aquí suele denigrárseles, hacérseles vacío (evitarlos), se les suele hacer burla e incluso se les suele asaltar a golpes, por el simple hecho de ser diferentes. Entonces, ¿dónde está lo divertido de ser gay? Y es preferible no ahondar en detalles más serios como la relajación de conciencia.
 
Otro caso relacionado es el de los dibujos animados. Lejos quedaron aquellas caricaturas memorables como El grupo increíble, Ahí viene Cascarrabias, La pantera rosa y el inspector, Don Gato y su pandilla, entre tantas otras. ¿Cuántas horas no podía pasarse uno riendo a mandíbula batiente viendo al malvado Cascarrabias deslizarse sobre el cuello de su dragón y azotar sobre sus posaderas? ¿Quién no ríe cuando ve las aventuras del desventurado inspector Cluseau y de la Pantera rosa? ¿O quién no sonríe al ver todos los timos que se le ocurren a Don Gato, y su manera de "engatusar" a la autoridad representada por el oficial Carlos Matute.
 
En cambio hoy en día las caricaturas están plagadas de sexo y violencia. El primero mostrado de manera sutil, subliminal si se quiere (y no siempre), y la segunda presentada en toda su crudeza. Sobre el sexo basta con un botón de muestra inobjetable: El diablo de la serie La vaca y el pollito. El símbolo fálico que representa es tan sutil como un rinoceronte en una cristalería.
 
Y la violencia, ésta comenzó a hacerse un ingrediente indispensable para caricaturas de éxito cuando surgieron Los caballeros del zodiaco, que hoy vuelven por sus fueros en una conocida cadena de televisión. A su favor puede mencionarse que los niños recibían algunos mensajes sobre la importancia de entrenar, prepararse, tratar de ser mejores. Y de paso aprendían un poco de mitología griega. Pero, ¿qué se puede aprender por ejemplo de Dragon Ball Z? ¿Que nada importa siempre y cuando se gane? Porque hay que recordar que para que los guerreros sayayim ganen las peleas deben destruir por lo menos medio planeta.
 
Es cierto, han surgido dibujos animados excelentes, que despiertan el interés de los niños y los motivan a ser creativos. Ahí está El laboratorio de Dexter, que incita a los niños a ser inquisitivos, curiosos, a experimentar. O las caricaturas que proyecta el canal del Instituto Politécnico Nacional, entre las que destaca Pingu, que presenta animales de plastilina animados paso a paso, con historias mudas que sin embargo transmiten mensajes en el idioma universal de las señales corporales, haciendo reír al más serio.
 
Sobre las películas que se han vuelto a rodar luego de haber sido éxitos de taquilla hace algunas décadas, y que parecen reflejar la evolución de nuestra cultura (o contracultura), son los llamados "refritos". Por ejemplo El planeta de los simios.  Pero donde más se nota el cambio cultural es en aquellas cintas que primero fueron tiras cómicas. Los resultados han sido ambivalentes. El antiguo héroe de miles de adultos que hoy tienen entre 30 y 40 años, Spiderman, y que fue víctima de directores de cine con poco presupuesto en el pasado, fue reivindicado con las dos películas que se filmaron a principios de este siglo. En cambio las películas de Batman hicieron recordar con nostalgia al barrigudo Adam West en su papel de hombre murciélago en la televisión de los 70, porque en las versiones nuevas nada más no dio el ancho. Lo mismo puede decirse de Daredevil, que en México llegó con el nombre de Diabólico por los mismos años que Spiderman. Un resultado parecido obtuvo hace unos meses la cinta Los 4 fantásticos, que no recibió una aceptación apoteósica como se esperaba. Será interesante ver cómo le va a Ghostrider, un héroe más reciente y menos conocido de los adultos.
 
Los tiempos han cambiado y al parecer la conciencia colectiva también. O será que la situación actual nos vuelve más cínicos, más difíciles de divertir. O también podría ser que nos hayamos acostumbrado a los pequeños placeres de la vida y ahora necesitemos de emociones más fuertes (y no siempre moral y socialmente aceptables) para disfrutar. Sería interesante analizar las posibilidades y luego, si se tercia, preocuparse.
11-10-05.
9月29日

Contracultura (Primera parte).

Desde hace mucho tiempo vivo con el pleno convencimiento de que mi año de nacimiento fue erróneo. No estoy hecho para esta época. Muchas de las pomposamente llamadas manifestaciones culturales de hoy en día, a mí no me parecen ni siquiera expresiones abstractas de una mente afectada por ácido lisérgico. Y sin embargo a los que hoy son adolescentes, no sólo les encantan sino que encima les entienden. O eso supongo yo, porque las comentan con conocimiento de causa y las tararean cuando de música se trata.
 
Mirad algunos ejemplos: La música que me gusta es la balada, un poco de rock pop en español, la música vernácula y la música estudiantil española, mejor conocida como música de Tuna. Todavía hace algunos años un compañero periodista me entrevistó respecto a la tradición de la Tuna y entre otras declaraciones que hice, enfaticé que todo lo que fuera música tenía belleza, aunque no siempre fuera totalmente obvia. Es decir, si se analizaba con detalle y se separaban sus elementos, cualquier pieza musical podía resultar amena. Lo mismo una canción de picaresca estudiantil que el último éxito de Los hombres G. Creo que me equivoqué.
 
Seguramente habeis oído una canción balbuceante de la que sólo se escucha el estribillo: "Tienes un grandioso culo". O aquella otra a la que sólo se le entiende que a alguien le gusta la gasolina. El resto de la letra se pierde entre palabras ininteligibles y el estrépito de instrumentos musicales. Porque es otra cuestión a señalar, una cosa es tocar feo pero fuerte y otra hacer ruido con más entusiasmo que técnica. A este tipo de música por más que le busco no le encuentro belleza, ya no digamos lógica.
 
O los programas de radio de hoy en día. Siempre me apasionaban los relatos que hacían mis padres de aquellos legendarios programas radiofónicos que se transmitían en amplitud modulada (tecnología hoy en peligro de extinción). Recuerdo especialmente aquel que se pronunciaba con reverencia, Apague la luz y escuche, que daba relatos de terror. "Tus tías y yo nos sentábamos alrededor de la Yaya (abuela en castellano) con la luz apagada, y pasábamos una morbosa y escalofriante media hora escuchando historias de espantos", solía relatar mi padre.
 
Desde hace unos años una estación de radio retomó el proyecto, titulándolo La mano peluda, con mucha fortuna y buena calidad. La única pega es que las historias las hacen al aire los radioescuchas y más de una vez he sorprendido historias tan poco originales que hasta pude encontrar el libro del que estaban siendo leídas textualmente. Errores de puntuación incluidos. Pero bueno, nada es perfecto y hoy en día los fantasmas tienen más miedo de los adolescentes que éstos de aquellos.
 
Otros programas de radio adolecen de una falta de originalidad asombrosa. Por si fuera poco, sus limitados recursos pronto son imitados fielmente por radiodifusoras de la competencia. Ahí teneis por ejemplo un programa matutino en que el locutor interactúa con un grupo de personas que no son más que efectos de sonido grabados de risas y exclamaciones de asombro. Bueno, pues ahora otras dos estaciones de radio recurren a lo mismo para tratar de ganar audiencia. ¿Y la creatividad? Bien, gracias.
 
Las series televisivas de hoy también son algo curioso. Yo recuerdo de mi lejana juventud programas y protagonistas que creaban adicción y a los que todos queríamos parecernos: Dan Tana en Las Vegas; Remington Steele en Reportera del crimen; el policía de hierro T. J. Hooker (ésta la veía a escondidas pues ya era en horario de adultos); Bo y Luke en Los Dukes de Hazard (y no hablo de la película recientemente estrenada en México). Hoy en día hay series excelentes como La zona muerta, basada en la novela homónima de Stephen King; o Los expedientes secretos X, o Últimas noticias. Lamentablemente también abundan las series de televisión simplonas.
Continuará.
29-9-05.